Julio, 2019

Todo comenzó jugando a hacer tejolotes

Publicado por MERAKIA

Entre más de 10 objetos que habíamos diseñado, un molcajete con plato tortillero fue el primer objeto que decidimos ejecutar en MERAKIA.

Para ello, buscamos pueblos tradicionalmente molcajeteros; lugares en los que se conservara al menos algo de la manera ancestral de hacerlos. Entre varias opciones -y tal vez por la cercanía a la CDMX- elegimos ir a San Andrés Cuexcontitlán en el Edo. de México.

Llegar a San Andrés y no ver en cada esquina algún local donde vendieran molcajetes fue algo que nos sorprendió, pero preguntando llegamos con Don Hilario Ibarra, mismo que nos presentó a su hijo Héctor.

Héctor es uno de los pocos que hace cosas diferentes al molcajete tradicional en San Andrés, y así también, uno de los pocos que aún hacen molcajetes.

Inició a los 7 años

Héctor empezó ayudando a su padre haciendo sólo algunos tejolotes.

Afirma que su padre siempre fue su ejemplo a seguir. Él le enseñó cada técnica y fue quien le dio las bases para aprender lo que hoy domina.

Cuando empezó, Héctor trabajaba descalzo. Nos platica que normalmente sólo tenían un par de zapatos; desgastarlos era pecado. Por ello, preferían trabajar sin ellos. Sin embargo, hoy hay días en los que se levanta y prefiere trabajar sin zapatos cuando hace molcajetes. Confiesa que al final sí es más cómodo trabajar la piedra sintiéndola directo con los pies.

Cuando trabajo descalzo, creo que trabajo mejor. Siento que trabajar con zapatos es como cuando le piden a un carpintero que use guantes. La piedra no se agarra igual".

— Héctor Ibarra

Su trabajo ha sido reconocido en el estado y fuera de él

Ha ganado varios reconocimientos en concursos locales y afirma que una de sus más grandes satisfacciones ha sido que lo hayan llevado hasta Cancún, a la isla de Cozumel para realizar trabajos especiales.

Pero a pesar de ser reconocido por la calidad de su trabajo, él está convencido de que tiene que seguir aprendiendo del oficio. Todo premio es un impulso para comprometerse más con lo que hace y él piensa que conservar esa actitud es muy importante.

Cuando talla una piedra, Héctor entiende muy bien las formas y la tercera dimensión; hace algunos trazos básicos para inspirarse; sin embargo, uno de sus más grandes sueños es poder tomar algún curso sobre técnicas de dibujo y lograr dominar el lápiz antes que el cincel. Héctor piensa que el saber dibujar le ayudará a comprender mejor las formas en la piedra.

 

Cuando trabajas un molcajete, todo trabaja en sintonía: las manos, los pies y la mente...

Te pierdes en cada golpe, y cuando te das cuenta...ya lo terminaste".

— Héctor Ibarra

Héctor siente cierta tristeza al saber que el oficio de molcajetero se vio muy afectado en San Andrés cuando llegaron los molcajetes de resina chinos. Antes en cada rincón del pueblo se escuchaban los 'cincelazos'. Sabe que su hijo no quiere dedicarse a tallar piedra, pero su consejo siempre es que al menos aprenda del oficio para tener una opción alterna a la carrera que quiera estudiar.

Este trabajo es lo que soy, es parte de mí y de mi familia... y al final cada pieza siempre se queda con algo de tí".

— Héctor Ibarra


Productos en los que colabora Héctor